domingo, 20 de diciembre de 2015

Cultura : Interviu a Papa Noel II

INTERVIÚ A PAPA NOEL II

Por: Sixto I. Fernández A.

Créanos amable lector: luego de la entrevista que hiciéramos a Papa Noel en la Navidad anterior, todo el año 2012 aguardamos ansiosos el momento de presentarle un nuevo cuestionario en virtud del acuerdo que ambos pactamos. Haciendo y deshaciendo las más agudas y puntillosas interrogantes con el fin de satisfacer nuestra inquietud y quizás también de una mínima parte de quienes engrosan diariamente la inmensa legión de lectores de éste gran diario; En éste empeño hemos llegado a la conclusión que muchas veces es más fácil y sencillo contestar con suficiencia que preguntar con inteligencia.

Por supuesto que el tema frontal y más importante para nosotros era y es despejar la supuesta “santidad” de Papa Noel a quien suele llamársele de diversas formas, entre ellas: San Nicolás. ¿Pertenece a la incontable Galería de Santos de la Cristiandad?
Cuenta la leyenda que “Allá por el siglo IV Nicolás de Bari era un joven muy rico (nacido en Patara, distrito de Licia) que quedó huérfano dedicándose a practicar la caridad con la fabulosa fortuna que heredó. Finalmente emigró abrazando el sacerdocio llegando a ser Obispo y convirtiéndose Santo Patrón de Turquía, Grecia y Rusia y posteriormente de los marineros. Falleció el 06 de Diciembre del año 345 y unos tres siglos después empezó a recibir grandes honores y erección de templos. Poco a poco su nombre fue inmortalizándose en una tradición popular en que tomando el nombre de SANTA CLAUSS, desciende todos los años en nochebuena para darles juguetes a los niños en nombre del Divino Maestro”.

Sin embargo su perfil moderno se fue forjando gracias a diversos ingredientes como que fue llevado por los emigrantes holandeses a Estados Unidos. También fue decisiva la obra “Una visita de San Nicolás” de Clement Moore quien agregó los nueve renos (“Rudolph”, “Dooner”, “Blitcher”, “Cometa”, “Cupido”, “Brillante”, “Danzante”, “Centella” y “Zorro”).
Cuando el olfato mercantil encuentra en él un filón para explotar la Navidad, primero una marca de refrescos y después muchas otras empresas incluyendo la Coca Cola, encargaron hacerle retoques, cambio del vestuario original y otros, ofreciéndonos la imagen que hoy conocemos. Por si fuera poco, hoy existe en Rusia una escuela exclusiva de Papa Noeles que ofrece un curso diplomado y certificado de tres semanas de duración y examen público.

En virtud todo esto, queríamos encarar al gordo regalón de la risa cachacienta, icono y tótem (más bien para nosotros), de los fabricantes, importadores, exportadores y toda laya de comerciantes y mercachifles navideños.
Llegó el día 24 presente pasado y como ya no teníamos que sorprenderlo en su huidiza y furtiva visita, nos recostamos al pie de las camas de nuestros nietos y confiando en que él nos despertaría para charlar, en lugar de montar celosa vigilia nos quedamos profundamente dormidos. Curioso fue que llegadas las 12.00 no sentimos nada al producirse el brutal ataque de la humanidad a la atmósfera con la abrumadora y venenosa descarga de petardos y otros.
Enorme fue nuestra decepción y auto censura cuando recién despertamos en medio del jolgorio de los niños y el bullicio de la apertura de regalos. Resignados, nos adaptamos incorporándonos en cierta medida a la celebración familiar que se produce en torno a ésta fecha, no sin disimular nuestra frustración, condenados a esperar un nuevo y larguísimo año para entrevistar al gordinflón de ropaje rojo escarlata.
Unos vasos de vino lograron disipar en algo el estupor que sentimos cada año que pasa ante la asombrosa deformación que ha hecho la comunidad cristiana del nacimiento de un niño pobre llamado Jesús, nacido según se cuenta en un mísero pesebre. Realmente que ante ésta desenfrenada bacanal del comercio navideño, creemos que Jesús tendría que pedir disculpas a los mercaderes del Templo a quienes expulsó airadamente por comerciar palomas y otros.

Más tarde, aprestándonos para descansar, hurgamos nuestras alpargatas debajo de la cama y notamos que en uno de nuestros zapatos asomaba extrañamente un papel. Era una carta... ¡Una carta de Papa Noel! Y ésta decía así:

“Hola hijo...no te desperté porque cuando dormías te observé detenidamente y recordé con ternura a aquél niño que alguna vez visité en su hogar de la calle Bolognesi, en el querido pueblo de Nasca. ¡Cuánto has cambiado desde entonces!
Créeme hijo, que después de nuestro último encuentro, inusual para mi, todo el año 2012 estuve ansioso por conocer tu cuestionario, en virtud de nuestro mutuo acuerdo. Te repito una vez más que tu forma de escribir y plantear cosas me sugiere una escuela de ése gran escritor iqueño, el Conde de Lemos...

Y te confieso que ante éste compromiso inusual que no suelo conceder a nadie, también preparé mis respuestas haciéndolas y deshaciéndolas, eligiendo aquellas que tuvieran la suficiencia necesaria. Te lo confieso yo que acostumbrado estoy a atravesar los cielos entre bombardas y humo sin ningún temor.
Y al no haberse producido nuestra nueva conversación y analizando todo lo que dijiste la vez anterior, he querido dejarte estas líneas estimando que tu principal, frontal y más importante pregunta debe ser la de quién soy: Santo ó demonio del comercio mundial.

Y siéndome difícil por no decir imposible definirme a mí mismo, solo te puedo contestar que soy una imagen virtual. No soy Nicolás, definitivamente, pero tampoco soy un muñeco diabólico: He sido hecho para arrancar una sonrisa a los niños, especialmente a los más pobres, cierto es, a despecho de arrancarle los bolsillos a los padres, pero no respondo por esto último.
Soy un icono, mí querido Conde Chaucato, soy un mensajero de buena voluntad y paz que pese a tu edad y a las decepciones que te puede haber dado la vida, espero poder arrancarte una sonrisa en una Navidad futura como cuando eras un tierno niño aún. En tanto, recibe un fuerte abrazo. Queda pendiente un futuro encuentro, no lo dudes.
Papa Noel.”

Seguro, Papa Noel, que con tu sincera y hermosa carta has llegado a nuestro corazón pero todavía no, a nuestro pleno entendimiento. Por ahora y sin renunciar a nuestras ideas y posiciones, también te doy un fuerte abrazo. Que la paz sea contigo, simpático gordinflón y que puedas llegar a todos los niños del Perú y del mundo.
Y sin saber por qué, amable lector, empecé a reír como él: “¡JO, JO, JO!”

Sixto I. Fernández A.