lunes, 18 de junio de 2012

Cultura : La Virgen de Guadalupe de Cáceres de España es la misma de Nasca del Perú


Cáceres y su Virgen de Guadalupe

Ana María Ancona Teigell
(publicado en poresto.net)

Así como México tiene su Virgen de Guadalupe, la ciudad de Cáceres, España, tiene gran devoción por su Guadalupana española.

Hablando con el sacerdote Ignacio López Cea nos cuenta la historia de la Virgen, cómo llegó a Cáceres y la devoción de todo este pueblo y de España entera a su “Reina del Cielo”.

“La imagen de la Virgen tiene una larga vida, dice la leyenda, pues su primer propietario fue, según los códices antiguos, San Lucas, en el siglo I de la era cristiana. Cuentan que muerto el evangelista en Acaya (Asia Menor), la imagen fue enterrada con él. En el siglo IV fue trasladada con el difunto a Constantinopla, y desde ahí fue llevada a Roma por el cardenal Gregorio, legado del Papa Pelagio II.
Una vez elegido pontífice Gregorio Magno la expuso en su oratorio, la Virgen hace su primera intervención milagrosa cuando el pueblo de Roma tras aclamarla con fervor a su paso en procesión por las calles de aquella ciudad azotada por la peste, vio que la fatal epidemia desaparecía mientras aparecía un ángel sobre el castillo limpiando la sangre de una espada, al tiempo que un coro de ángeles cantaba: “Reina del cielo, alégrate, Alleluia, Regina coeli, laetare, Alleluia”.

Obteniendo del pontífice Gregorio que presidía la procesión una conmovida respuesta con estas palabras: “Ruega al Señor por nosotros Alleluia. Ora Pro Nobis Deum, Alleluia”.

El castillo desde entonces tomó el nombre de Castell Sant´Angelo, refugio de papas en la paz y durante la guerra.

Isidoro, hermano del papa trasladó la imagen a Sevilla y se la entregó a San Leandro, arzobispo de la ciudad. Durante la travesía se calmó una fuerte tormenta y la imagen llegó indemne al puerto fluvial hispalense, desde donde fue trasladada a la iglesia principal en la que fue venerada hasta la invasión musulmana en el año 711.

En el año 714, unos clérigos de Sevilla que huían de la invasión musulmana llevaron la imagen hasta Extremadura y la escondieron junto al “río escondido” o “río de los lobos”, que recorre el valle al sur de la sierra de Altamira, no lejos de las Villuercas. Describiendo este lugar los clérigos que la custodiaban como: “Hermosos paisajes que tuvimos la ocasión de contemplar en un bello atardecer, según abandonaban y se alejaban de la Puebla”.

Durante seis siglos estuvo perdido el culto a esta imagen, hasta que los milagros aparecieron de nuevo en el siglo XII, poco después de la recristianización de aquellos territorios.

Cuenta la historia que un humilde pastor o vaquero vecino de Cáceres, Gil Cordero, encontró a una de sus vacas muerta, y cuando se disponía a recuperar su piel y comenzaba a practicarle unas incisiones en forma de cruz con su cuchillo, la vaca resucitó y en ese preciso instante se le apareció la Virgen María que le hablaba con celestial sonido: “No temas que soy la Madre de Dios, salvador del linaje humano; toma tu vaca y llévala al hato con las otras, vete luego para tu tierra y dirás a los clérigos lo que has visto, que yo te envío para allá y que vengan a este lugar donde estás ahora y que caven donde estaba tu vaca muerta, debajo de esas piedras. Ahí hallarán una imagen mía, cuando la saquen, diles que la dejen aquí, en este lugar, que no se la lleven a ningún otro lado, que hagan una casita donde ponerla. Con el tiempo vendrán muchos y se construirá una iglesia y una casa que serán muy notables y este pueblo será grande”.

Tras estas palabras la Virgen desapareció y el pastor marchó hacia Cáceres para avisar al clero todo lo que había visto y lo que le había pedido la “Reina del Cielo”. Cuando llegó a su casa, uno de sus hijos acababa de fallecer, poniéndose de rodillas invocó y oró a la Virgen y su hijo resucitó. Este milagro convenció a los clérigos sobre la verdad de la aparición y todos se dirigieron al lugar donde había muerto la vaca de este humilde pastor. Excavaron entre las rocas y hallaron la imagen de la Virgen y una serie de documentos que atestiguaban su procedencia.

Ahí mismo se construyó la primera ermita y el lugar se convirtió en un centro de peregrinación. Esta fue la versión popular y romántica, la leyenda del origen del santuario que en los siglos XIV, XV y XVI fue recogida por los monjes en diversos códices. Así, con el pastor Gil Cordero y su familia comenzó la historia de “Guadalupe”. A su muerte, en la lápida del pastor hecha de cerámica, perteneciente al siglo XVIII, hay un epitafio que dice: “Hic Jacet Don Gil de Santa María de “Guadalupe”, a quien se le apareció esta Santa Imagen, fue natural de la Villa de Cáceres”.

Esta leyenda pertenece al período de “apariciones a pastores” tan característico de los siglos XI y XV de la iconología Mariana española y que se ha repetido esporádicamente durante los siglos posteriores hasta nuestro días.
La imagen de la Virgen Morena, de Nuestra Señora de “Guadalupe”, en su talla original primitiva, fue labrada en madera de cedro por artistas desconocidos a finales del siglo XII. Pertenece al grupo de “Vírgenes Negras” de la Europa Occidental de los siglos XI y XII y responde a un esquema románico bastante conocido en los ambientes cristianos de la Edad Media.

Se aplica a la Virgen María el protagonismo de un pasaje del “Cantar de los Cantares” por el que Nuestra Señora habría dicho: “Tengo la tez morena, pero hermosa, muchachas de Jerusalén, como las tiendas de Cadar, como los pabellones de Salomón. No os fijéis en mi tez oscura, es que el sol me ha bronceado”. (Cap. I, Vers. 5 y 6).

Por esta razón los artistas medievales ennegrecían con betún las tallas de las Vírgenes una vez terminadas.

La talla de la Virgen mide 59 centímetros y pesa 4 kilogramos, su rostro es más negro que moreno, viste túnica de color verde oliva con vueltas en rojo bermellón, sobrecuello imitando el bordado en hilo, los puños de las mangas son dorados y su manto color ocre-marrón (café). Ostenta un velo o toca de color blanco con vueltas de color bermellón; como decoración de sus vestiduras cuatro flores tetralobuladas, dos en el pecho y una debajo de su mano derecha símbolo de su triple Virginidad: “Antes del parto, en el parto y después del parto; y la cuarta flor se encuentra en la parte inferior de su túnica, signo de su poder celestial”.

El niño es una talla sedente del mismo estilo, mide veintitrés centímetros de largo y pesa doscientos gramos, la mano derecha del Niño es de plata labrada en el siglo XVI en sustitución de la primitiva y está en actitud de bendecir.

Su aparición en Extremadura ocurre en una época de intensa devoción Mariana, en el reinado de Alfonso X el sabio (1252-1284) o algo después, con Sancho IV o Fernando VI (1295-1312). La imagen actual es la primitiva y original, en torno a ella se ha desarrollado la vida del santuario durante ocho siglos.

A través del tiempo la imagen ha tenido algunas modificaciones, la más antigua se hizo en la época anterior a 1389, fue para presentarla vestida con saya, manto y toca y la más moderna es la de 1984.

Esta imagen es hoy, como ayer, un tesoro escondido entre las sierras de “Guadalupe” y todo un símbolo en Extremadura y en los países de habla hispana, en los que sus copias o trasuntos se han multiplicado con el correr de la historia. Por aclamación popular y aprobación pontificia es la Patrona de Extremadura y es llamada la “Reina de la Hispanidad”.

Con el paso del tiempo la fama del monasterio y la devoción de la Virgen de “Guadalupe” se ha extendido por toda España y por todo el mundo, nueve códices de Milagros de Nuestra Señora de “Guadalupe” testimonian la devoción universal de las gentes y los pueblos. La presencia desde el siglo XVI de los españoles en varios lugares de la tierra, la importancia de nuestro ejército, de nuestras letras y la fuerte evangelización llevada a cabo, ejercieron gran influencia en otros pueblos a los que entre otros valores se transmitió la devoción Guadalupense, en esos tiempos la más extendida y fomentada en España.

Durante los siglos XV, XVI y XVII las limosnas que se recaudaban por todas partes para el santuario fue una muestra de la devoción de un pueblo y su gente hacia la Virgen. Las gentes de Castilla y de Portugal concurrían con generosos donativos que eran después bien invertidos en beneficio de los peregrinos pobres y en la asistencia de enfermos en los cuatro hospitales que atendía la santa casa.
Desde el siglo XV hasta el XVIII, el santuario disfrutó del privilegio de la manda forzosa, es decir: “Todas las personas acomodadas debían dejar en sus testamentos algunas mandas en favor del santuario, compartiendo ese honor con los santuarios de Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela”.

En España son numerosos los santuarios dedicados a la “Virgen de Guadalupe”, y además de los de Extremadura, destacan los de Hondarribia (antes Fuenterrabía), Guadalupe (Murcia), Rianxo (La Coruña), Gavellar (Ubeda). Además de que son numerosísimas las ermitas diseminadas por toda la geografía española
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Fuera de España, hay santuarios en Portugal, Polonia, Rio-Muni y en especial en América y Filipinas, donde más de 600 lugares llevan el nombre de “Guadalupe”, destacando los santuarios de Nuestra Señora del Tepeyac, Villa de “Guadalupe” (México), de Sucre y en Mizque (Bolivia), Pascamayo, Nespeña, Balsas, Nasca y Ayquina (Perú), de Quito (Ecuador), de Quinche (Quito-Ecuador), Santa Fe de Bogotá (Colombia), y la catedral de Basse-Terre y Point-á-Pitre (Antillas) en la isla que, descubierta por Colón el 14 de noviembre de 1943, recibió el nombre de “Guadalupe”.

La isla fue cedida a Francia en 1635 y en la actualidad está considerada como un departamento francés. Junto a todos estos santuarios hay numerosos templos que albergan imágenes de la “Virgen de Guadalupe”. Ninguna denominación de la Virgen María está más íntimamente unida a los hechos que integran ese amplio concepto de la “Hispanidad” que Nuestra Señora de “Guadalupe”. Aquí o ahí, en España y en América, ha recibido el merecido título de “Reina de la Hispanidad”.

Cáceres, España.