
ARTE FUNEBRE NASQUENSE IV
Por
Conde Chaucato
LA MISTERIOSA NARIGUERA
La cerámica nasquense nos muestra en diferentes artefactos (huacos), a personajes divinizados en cuyo rostro se observan unos adornos a manera de narigueras y que son la representación estilizada de los MOSTACHOS de un felino; un extraño felino presente en la riquísima mitología nasquense y que a diferencia del que algunos dicen que es su pariente, el “felino antropomorfizado” de los Chavines, ¡éste no tiene garras ni colmillos! Y que algunos arqueólogos han llamado GATO MANCHADO afirmando que habría sido una deidad: el demonio de la noche, de la oscuridad y que nosotros más bien decimos: ¡DE LA MUERTE!
Esa deidad ha sido descrita por el arqueólogo Pezzia Assereto quien señala: “su gran cara se puede considerar humana…adorna la frente una diadema de oro laminado; le enmarcan ciertos discos también de oro…debajo de la nariguera, presenta un collar de conchas multicolores…”
Más claro no puede haber, amable lector: el hecho de que en tumbas nasquenses se han encontrado narigueras de oro laminado y también diademas, discos pequeños y collares, explica que fueron parte de cierto “ajuar” funerario nasquense. Nuestros nasquenses no hicieron nada al azar.
Sin embargo hay que resaltar que no se han encontrado en todas las tumbas, por lo que podría pensarse que fue un amuleto ó distintivo solo para ciertos personajes que pudieron ser sacerdotes y que incluso lo usaron en vida. Un distintivo que les permitiría presentarse ante el dios de la muerte y ser reconocidos por él. Precisamente aquí recordamos que los egipcios acostumbraban colocar a sus muertos, pequeños objetos que representaban escarabajos a quienes rendían culto. Y curiosamente, Pezzia asevera que los nasquenses igual que los egipcios, creían que el espíritu sobrevivía mientras el cuerpo no se destruyera. Por eso lo momificaban para conservarlo.
Considerando el carácter de ése dios, tal vez los entierros fueron nocturnos y por tanto, propiciatorios. Se ha dicho que también usaban camisas ceremoniales ricamente tejidas con su excepcional arte “plumario” utilizando plumas de guacamayos, picaflores y loros, etc. Tal vez aludiendo a que consideraban que el “gato manchado” era volador.
Las narigueras no son todas exactamente iguales, lo cual puede señalar la existencia de algunos niveles. Ellas son dignas de un mayor estudio de los especialistas quienes pueden darnos más información sobre sus cultos y costumbres de nuestros antepasados.
condechaucato@yahoo.es
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