viernes, 28 de octubre de 2011

Cultura: Arte funerario nasquense I


ARTE FUNERARIO NASQUENSE

Por
Conde Chaucato

Quizás para nuestros antepasados nasquenses, la muerte constituía un evento mágico-religioso y por ello, el enfardamiento y sepultura debieron tener un marco solemne y fabuloso.

Sin embargo debemos señalar que en medio de ello, existía el hecho científico: la momificación supone todo un proceso técnico para el “vaciado” de la masa encefálica, órganos, vísceras, líquidos, etc.

Todo ello nos plantea reflexiones e interrogantes: junto a sus mejores galas textiles, alrededor del difunto se colocaban alimentos, vasijas, armas, útiles de tejer, peines, etc. Lo que hace suponer que ellos creían que éste iría a morar en otro ámbito, en otra vida. O de repente no fue así y todos esos objetos solo constituían una ofrenda. Porque, de ser lo primero, habría que suponer que ellos aceptaban que el individuo al que habían extirpado y momificado, resucitaría de todas formas en ésas condiciones.

¿Cómo era el ritual fúnebre nasquense?

En principio, bien podemos asumir que era costumbre muy arraigada en la antigüedad y más o menos igual en todas partes, lo que contaba el Inca Garcilaso de los Incas: que cuando alguien moría, TODOS lo lloraban inconsolablemente, incluso aquellos que no tuvieron oportunidad de conocer al muerto. La muerte de uno, era dolor de multitudes. Y el llanto se acrecentaba según las virtudes que enumeraba y loaba una voz de pariente o amigo. Todo esto se repetía a la semana y luego al mes y al año.

Los lugares elegidos para sepultar a sus muertos eran tan sagrados e intangibles como las huacas y adoratorios. Seguramente que hasta hollarlos con la planta de los pies era severamente castigado. Estaban ubicados en zonas lejanas a sus viviendas y campos de cultivo, por salubridad y por el inevitable olor de los miasmas que emanan de todo cadáver.

En Nasca, se ha observado la predilección por los páramos arenosos y secos, alejados de las fuentes de agua.

La generalidad de tumbas halladas en Nasca, salvo que alguien nos demuestre lo contrario, no constituyen un alarde de ostentación: han sido practicadas mediante una simple y sencilla excavación vertical. Y luego de depositar la momia, le pusieron una techumbre de maderas y otros, sellándola e impidiendo la filtración de arena. De tal forma que de día y en medio del radiante sol nasqueño, el recinto fúnebre cobraba altísima temperatura a manera de un horno que permitía el total secado de músculos y piel.

* El artículo continuará en tres secciones más :

- La Guaca de Chauchilla /
- Nuestra experiencia /
- La Misteriosa nariguera.

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