
ARTE FUNERARIO NASQUENSE III
Por
Conde Chaucato
NUESTRA EXPERIENCIA
Cuando niños y hasta adolescentes, tuvimos oportunidad de observar algunos “huaqueos” in situ en zonas como Atarco, Pajonal, Tunga, y hasta en los alrededores del río Jaquí, cerca al pueblo de Yauca, al sur de Nasca. Y nuestras manos tocaron unas primorosas cestas rectangulares de junco ó totora tejida que contenían largas espinas finamente pulidas en forma de agujas y que tenían en el medio una especie de rondela de piedra ó hueso. Asimismo había varios ovillos de lana de colores.
Las momias exhibían mantos de regular factura pero muy deteriorados por el tiempo y seguro que calcinados por el calor dentro de la tumba como explicamos líneas arriba. Ni una sola tenía un manto de la calidad Paracas. Y todas sus envolturas estaban atadas por fuera con una especie de cordones. De la boca de los cadáveres, los huaqueros extrajeron pequeñas láminas de oro. También observamos junto con los infaltables ceramios, a pequeñas mazorcas de maíz en muy buen estado, y también una especie de machetes de madera de guarango, hondas y otros objetos que han escapado a nuestra memoria.
En Tunga, en la bajada hacia la Casa-Hacienda, presenciamos un increíble hallazgo: el “maestro” huaquero introdujo en el suelo una larga varilla metálica con aguda punta, para “sondear”. Al notar que la arena se escurría hacia abajo, ordenó excavar extrayéndose una momia. Pero a continuación y seguramente haciendo caso a su experiencia o pálpito, sondeó al fondo y ordenó que sigan cavando, ¡encontrándose más abajo otra momia!
* El 1 de Noviembre la cuarta y última parte.
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