lunes, 12 de septiembre de 2011

Cultura: El Dios Pachacamac y el Cristo de Pachacamilla

EL DIOS PACHACAMAC Y EL CRISTO DE PACHACAMILLA

Por
Conde Chaucato

En una de sus últimas alocuciones como Presidente de la República, don Alan García Pérez, expresó que el culto del “Cristo de Pachacamilla” (“Cristo Morado”, “Señor de los Milagros” ó “Señor de los Temblores”) es una suerte de “continuidad espiritual” del culto al dios Pachacamác. Fue con ocasión de inaugurar el alumbrado del milenario Santuario para fomento del turismo nocturno.

Y como argumento principal, señaló un “parentesco territorial” porque un español de la Colonia se hizo propietario, tanto de las tierras como del solar en donde están ubicados sus respectivos santuarios. Relación física, material, totalmente ajena al ámbito espiritual.

Gracias a la absoluta libertad de pensamiento y expresión que dispensa éste diario a quienes tenemos el honor de escribir en sus páginas, nos permitimos discrepar respetuosamente tan polémica y discutible afirmación. Sin el mínimo encono contra quien tiene méritos probados en favor de la cultura de nuestro país. Para nosotros, el Catolicismo, corriente del Cristianismo que a su vez nació de un Judaísmo disidente, tiene más aristas comunes con el paganismo romano (del cual adoptó la industria de fabricar estatuas y adicionalmente fetiches (estampas, cruces, “santos maderos”, etc.) que con el “Pachacamaquismo” ancestral peruano. No se olvide que cuando los primeros seguidores de Jesús –después de muerto- recién redactaban su magisterio trocando su figura de extraordinario profeta por la de “Hijo de dios”, en Pachacamác ya existía un adoratorio desde unos doscientos años antes.

Recordemos también, que el Inca Garcilaso contó que el cura Valverde dijo a Atahualpa: “Cristo, nuestro señor, ha criado el mundo…” y que el Inca le contestó que no sabía nada de eso ni de nadie que criase nada sino el sol, y que PACHACAMAC había criado todo lo que allí había.

Además señaló que los españoles abominaron el nombre de ésa deidad solo “porque no entendían su significación del vocablo”. Sin embargo, hispanizado y ganado por el catolicismo, ensayó una fallida conciliación por lo menos en términos literarios, al decir: “Pero si a mí que soy indio cristiano católico, por la infinita misericordia me preguntaran: ¿Cómo se llama dios en tu lengua? Yo diría: ¡Pachacamác Y reforzando esto, afirmó que luego de escuchar predicar el Evangelio, el Inca cautivo habría dicho que el dios cristiano y el suyo “eran lo mismo”.

Incoherente, porque olvidó que él mismo había calificado como “VANA RELIGIÓN” la de su pueblo natal, que adoraba a Inti y a Pachacamác. E inaudito; Atahualpa jamás podría haber convalidado a su dios con el tal dios que amparaba a ésa pandilla de hampones y criminales que no respetaron ni sus sagradas GUACAS.

Así pues y de igual forma que el Inca Garcilaso, don Alan García ha querido conciliar lo irreconciliable, trasluciendo –en términos políticos- su personal subordinación a la religión del Estado Vaticano.

PACHACAMAC

Un anónimo cantar, el “mito de Kon”, relata que éste era un dios sin huesos y que crió todo lo que inicialmente había. Pero por enojo que los hombres le hicieron, trocó la buena tierra en desierto y otras penurias. Entonces surgió Pachacamác quien lo desterró y crió todo de nuevo, y que fue digno de gran adoración hasta que llegaron los españoles. Cuentan los historiadores, que en la parte superior del santuario de Pachacamác se podía observar tallado en un poste de madera de lúcumo, su representación como “un dios-hombre feroz y bifronte” manchado con la sangre de sacrificios. Nadie ha podido establecer con certeza su origen y antigüedad exacta. Suelen los investigadores, dar “bastonazos de ciego” al adentrarse por vericuetos de la leyenda y la fábula con el loable afán de “zurcir” los tramos en los que se detiene la historia razonable. Y con mayor razón lo hemos hecho nosotros, simples pero amantes aficionados a la investigación histórica. Producto de ello ofrecemos las siguientes conclusiones a quienes poseen conocimiento y razonamientos más amplios que el nuestro:

a) No se ha establecido relación de origen entre Pachacamác y Wiracocha (“dios de los bastones” o “báculos”) ni tampoco con el “felino antropomorfizado” de Chavín, por citar a las deidades más antiguas. Se afirma que antes de él, se adoraba a una deidad local llamada “Irma”.

b) Don Carlos Belli juraba que los Puranas (tez bruna) y luego los Arios (tez blanca), fueron remotos inmigrantes que se asentaron en Nasca, y que en ésa época hubo una “primera expansión” altiplánica con los Tiawanakus que los avasalló. Ellos podrían haberse llevado consigo algunos elementos de los vencidos tal como hicieran los romanos con los griegos. se dice que Kon Ticci Wiracocha era un extraño dios blanco, rubio y barbudo… ¿Acaso deidad remota de los arios nasquenses?

c) Antes de la “explosión Wari” (un gran imperio conquistador surgido en Ayacucho y señalado como “síntesis de los Nascas, Huarpas y Rucanas”), se produjo la “segunda expansión” de los Tiawanakus) (900 d.C.) quienes dejaron profundas huellas: Los Wari tomaron sus dioses (Kon Ticci Wiracocha) y crearon un gran imperio sometiendo hasta los Moches, y difundieron ése culto en muchos lugares. Luego y deteniéndose en Pachacamác, también adoptaron a ésa deidad tal vez considerándola similar y le edificaron fabulosa arquitectura convirtiéndolo en el más poderoso Santuario de la antigüedad, decretando la declinación de otros como Cahuachi, del reino de los Nanashkas.

d) Recuérdese que en legendarios tiempos, Manco Cápac, autoproclamándose “Hijo del sol”, salió del Altiplano aimara para fundar el Qosqo (Cusco). Con toda certeza, él estableció allí el culto a “Apu Kontici Wiracocha”, llamado “Wiracocha” a secas. Siglos después, en 1438, sus descendientes -poderosos Incas- vencieron a los temibles Chankas y se lanzaron a la conquista:

Cápac Yupanqui asimiló a Pukanas, Rucanas, Nanashkas y Chinchas, luego de someter al Condesuyo. Y encontró que Cahuachi ya dormía en el ensueño de milenarias glorias aunque en él aún sobrevivía el culto a Kontici Wiracocha, con el diminutivo de “KON”. Luego arribaron a los valles de Runahuanác, Huarcu, Malla y Chilca -del curaca Chuquismancu- sometiéndolos. Más al llegar a Pachacamác, Rímac, Chancay y Huamán, del curaca Cuismancu, quedaron cautivados ante tan impresionante Santuario que había en el primero y pactando con el curaca, ordenaron el culto a Pachacamác en todo el Imperio, pues hallaron en ése dios una “reedición” de Apu Kontiki Wiracocha.

e) Estando así las cosas, en 1533 Hernando Pizarro y su horda de barbudos invasores cruzaron el valle de Lima (del curaca Taulichusco) rumbo a Pachacamác, dominio de Tauri Chumpi, con el fin de recaudar el rescate de Atahualpa. Con ello se inició el más infame arrasamiento de la Alta Cultura Inca, síntesis de otras Altas Culturas que le antecedieron, trasplantándose el paganismo cristiano traducido en cruces y otros, sobre sus milenarias e “idólatras” guacas.

¿Dónde está pues, amable lector, la pretendida “continuidad” de dos cultos extraños entre sí?
Particularmente, santuarios como Cahuachi y Pachacamác y también otros como la Guaca Pucllana, etc., nos inspiran un sincero, auténtico recogimiento y misticismo que no hemos hallado en ningún otro lugar hasta hoy.

condechaucato@yahoo.es
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