LOS ULTIMOS DIAS DE CAHUACHI
III PARTE
Por Conde Chaucato
Los Incas vencieron a los Chancas en 1438 y posteriormente iniciaron su marcha hacia la Costa, siendo Cápac Yupanqui, el primero en llegar a Nasca, pueblo que según don Carlos Belli fue más antiguo de lo que se cree. Al llegar los Incas, Cahuachi ya era viejo y decrépito y vivía de sus mejores recuerdos. Tal vez por ello fue absorbido fácilmente por el nuevo gran Imperio. ¿O presentó resistencia? De ser así, habría sufrido graves consecuencias. ¿Sería por eso que la bautizaron como “NANASHCCA”: “escarmentada, adolorida”?
No olvidemos que a los pueblos que les oponían costosa resistencia, los Incas los desarraigaban para colonizar otras regiones.
EL LEGADO KAWACHI
El presente relato que bien podría catalogarse en el género de cuento, es un sencillo trabajo remozado de un artículo que publicamos en la revista “El Huarango” (Agosto, 2002) del periodista, Sr. César Pacheco.
I “Bajo el sol que abrasaba la castigada región quemando las piedras y hasta el aire mismo, el nasquense indiferente, acrecentaba el temple de su espíritu imponiéndose a la adversidad que le planteaba la naturaleza.
Habían agotado rituales presididos por oráculos y sacerdotes, y los impávidos cielos parecían sordos. Parecía que cielo y tierra se habían puesto de acuerdo para castigarlos sin saber por qué faltas.
Bajo los frondosos guarangos y espinos, en tupidos montes criados por sus abuelos, ellos cocinaban sus alimentos en toscas ollas de grueso barro cocido. ¿Cómo hacían para encender la leña? ¿Acaso el sol ardiente les bajaba tizones encendidos? Es secreto que a la tumba se llevaron.
El denso y aromático humo del fogón se elevaba. Equitativamente se habría de repartir el charqui, vizcachas y cuyes recién trocados al amanecer con los viejos amigos Huarpas, junto con lana de vicuña, coca y olluco entre otros productos a cambio de ceramios, vajilla, sal y pescado, etc.
También se repartió el pallar, maíz y hierbas aromáticas y medicinales. Más allá, ancianos daban de manazos a las bolas de arcilla mientras otros les daban forma para que finalmente fueran coloreados primorosamente por terceros antes de cocerlos.
Todo era un afiatado concierto de armonioso trabajo: mujeres arando la tierra y las ancianas, ora tejiendo hermosos mantos y prendas en las que entretejían hasta plumas de aves exóticas adquiridas de los Antis, ora tejiendo juncos y totora para convertirlos en bellos cestos y canastos.
El curaca y los sacerdotes paseaban alrededor de todas éstas faenas, solemnes y orgullosos. A su paso, sonaban sus collares de piedras, semillas y caracoles, etc. Suspendidos de sus cuellos.
Una larga fila de guerreros acarreaba el agua desde la cocha ó desde el mismo “ojo” del acueducto. El sol abrasaba la castigada región, y el nasquense indiferente, templaba su espíritu ante la adversidad de la naturaleza y le sonreía a la vida.
II
Pese a su longeva estructura cuya fecha de fábrica nadie alcanzó a saber, el santuario lucía aquella tarde un áureo resplandor. En la plataforma superior aguardaban tensos, sacerdotes y jefes de distintas aldeas del reino; y abajo en la explanada, una gran muchedumbre que poco a poco se iba engrosando con los que recién llegaban, coreaba enfervorizada: “¡Nanashka! ¡Nanashka!”
¿Cuántas veces se habrían visto tan formidable concentración como ésta?
Solo en las festividades religiosas: para las rogativas de aguas y para celebrar la llegada de éstas. También para invocar el cese de los sismos y también cuando un peligro amenazaba al reino. En ésta oportunidad se les había llamado con suma urgencia y sin explicación. Tal vez se trataba de lo último según rumores…y también según notorios presagios: durante varias semanas la tierra temblaba continuamente como no lo hacía en mucho tiempo, habiendo derribado varios muros del venerable santuario. Y en medio de ésas convulsiones del fondo de la tierra, habían escuchado como voces; como quejidos de los muertos…
De pronto se acallaron el griterío y el sonido de antaras y tambores: apareció el Curaca con los brazos alzados, contemplando el horizonte con su grave semblante. Luego se arrodilló para besar el suelo y al erguirse habló de ésta forma:
“Querido pueblo Nanashka:
Imploro a nuestro padre Kon, que su sabiduría ilumine mi mente y que fluya por mis labios como el agua de nuestros acueductos: sin detenerse jamás.
En primer lugar, quiero recordar en voz alta lo que nos contaban los más viejos que conocimos, sobre nuestro origen: En tiempos inmemoriales, en ésta cara y dura tierra que tanto amamos, solo crecían breñales y espinas. Aquí decidieron asentarse misteriosos andantes: de piel oscura los primeros y blanca los segundos. Ellos vinieron luego de recorrer tres cuartas partes del arco que tiene este mundo. El equivalente a muchos Arco Iris. Y llegaron acompañados de éste dios que hoy nos protege. Y eran diestros para domar la tierra y las fieras; sabían fabricar armas y tenían conocimiento y sabían construir pirámides.
Más tarde, por el mar arribaron nuevos visitantes, y tras de ellos los chavines quienes siguieron una senda que está a la diestra del sol cuando éste brilla al amanecer.
De toda ésa diversidad amalgamada en el tiempo, se engendraron nuestros abuelos Paracas y nosotros los Nanashkas. Amalgama de razas y de artes y ciencias. Hoy, sin asomo de vanidad ni soberbia, podemos afirmar que en el mundo que conocemos no hay pueblo que supere a nuestros sabios y artistas.
Desde entonces, mil y más vueltas ha dado nuestro pueblo con el mundo alrededor del sol, lo cual nos hizo pensar que así como éste, la luna y demás lumbreras del cielo, nuestro pueblo tendría un lugar propio y eterno en el firmamento de los pueblos.
Sin embargo, querido pueblo, hemos recibido señales muy claras en los últimos tiempos: el convulsionado vientre de nuestra madre tierra parece rechazarnos de su regazo, como ofendida por pecados que no creemos haber cometido jamás. ¿Acaso ella reniega de nosotros?
¿Acaso éste es el anuncio del final?
Nuestros oráculos sienten que ya no son escuchados; las lluvias parecen haberse ausentado para no volver jamás y nuestra siembra se pierde irremediablemente. Solo la fe nos mantiene incólumes, pero hay “algo” que nos demanda emigrar y nos anuncia un cambio.
Precisamente ayer han venido ante nosotros, emisarios de un poderoso reino llamado QOSQO del cual teníamos referencias. Sus guerreros que se pueden contar por miles y miles, han vencido a los temibles Chancas y hoy su ambición los trae hasta nuestra región.
Los Incas, que así se llaman, nos demandan una pacífica y amigable sumisión o de lo contrario, habríamos de sostener con ellos una cruenta guerra.
Los Nanashkas siempre fuimos un pueblo pacífico y amante de la naturaleza; pero nos comportamos como fieras con quienes amenazaron nuestra libertad y existencia. Si yo los convoco, podemos desenterrar nuestras cabezas trofeo, signo de nuestra bravura. Y podemos empuñar las armas con éstas mismas manos que han acariciado almácigos hasta que se convirtieron en árboles; que han tejido exquisitos encajes y han confeccionado fantásticos ceramios. Si yo los convoco, hijos míos, podríamos librar dignos combates con ellos, en alianza con los bravos Ikas y Chinchas y hasta Lucanas y Huarpas.
Pero, atendiendo siempre lo que nos enseña el cielo, pienso que así como el sol y la luna se obscurecen de vez en cuando por intromisión de cuerpos ajenos a su libre curso, así también sucede con los pueblos y su destino.
Por eso, quiero comunicarles mi suprema voluntad, inspirada en sueños que he consultado con nuestros oráculos y también luego de un silencioso y solitario diálogo con mi conciencia y con nuestro padre Kon:
Nuestro pueblo Nanashka, que supo convivir amigablemente con docenas de otros pueblos vecinos como los Huarpas y Rucanas y también otros lejanos, negociando e intercambiando conocimientos, ésta vez no presentará resistencia como si lo hicimos contra Waris y Tiawanakus. No desangraré a nuestra juventud, digna de mayores causas.
Nanashka se asimilará pacíficamente al nuevo imperio, en base a una importante consideración: Ha llegado la hora final para los pueblos pequeños y aislados. Es el momento de los Incas como poderosa fuerza integradora y ojalá que ésta no sea tardía para afrontar mayores peligros que atentarán contra nuestra raza y tierras: allende los mares y en grandes naves como jamás hemos visto, llegarán feroces invasores con terribles armas ante las cuales no podremos oponernos. Dispersos y desunidos nuestros pueblos, con mayor facilidad serán aniquilados.
Nos integraremos al Imperio del Qosqo, con una sola precaución: nuestros misterios serán confiados a una pequeña y secreta élite designada por éste curaca. Los Incas no podrán saber jamás cómo, por qué o para qué hicimos algunas de nuestras más valiosas obras, especialmente en nuestras Pampas. Y precisamente, en ellas dejaremos parte de ésos misterios y su clave, la misma que solo podrá ser descifrada después de mil años y solo por un descendiente directo de nuestra raza.
En ése tiempo, con nuevas formas pero con la misma alma, ¡nuestro pueblo Nanashka resucitará y volverá a brillar fulgurante, como los astros que retornan luego de un largo paseo por el oscuro universo!
Así os habla vuestro curaca desde éste palacio y santuario que ya no tiene el esplendor que le dieron nuestros abuelos y padres pero que nuestros ojos lo siguen viendo magnífico. No nos volveremos a ver después de hoy, porque en mi condición de curaca y anciano, no puedo despojarme de las plumas de mi linaje ni inclinar mi realeza ante otro señor, por más bondades que éste me ofrezca. Habiéndolo dispuesto todo, mi cuerpo se abrazará a nuestra madre tierra como una modesta ofrenda que ojalá logre aplacar su enojo. Mi ánima, antes de emprender su largo viaje, sobrevolará nuestros entrañables valles despidiéndose de cada uno de ellos y de nuestras obras heroicas.
Adiós hijos míos…reciban mi bendición. Adiós.
condechaucato@yahoo.es
conde_chaucato@hotmail.com
(M.R., Nasca del Perú)
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