*Este es un hecho real que sucedió en Nasca, este cuento de Aurelio Muñóz forma parte del libro Candela con K, que se presentará formalmente este mes en Nasca.
“EL GAVILÁN POLLERO”
Una misteriosa muerte
acá en Nasca sucedió
un niño desapareció
presagio de mala suerte.
Hallaron el cuerpo inerte
en la chacra, en un sendero
el niño hallado primero
con total rostro quemado
el autor que fue atrapado
era el “Gavilán Pollero”.
Si usted va al cementerio de Vista Alegre “El Carmen”, ingresando a la mano derecha, va a llegar al cuartel “San Luis”, en la tercera fila Nº 22, ubicamos el nicho Nº 3 con el nombre de Jacobo Chacaliaza García, cuya fecha de fallecimiento indicaba el 8 de Junio de 1962.
Todos aquellos que vivimos la amarga y triste experiencia de ser testigos de aquel cruento secuestro, violación, tortura y asesinato de aquel niño, en manos de un individuo sin escrúpulos, llamado Francisco Maza Alca, conocido en el mundo del hampa con el apelativo de “Gavilán Pollero”, seguro no vamos a olvidarlo fácilmente, porque ha quedado grabado en nuestras mentes.
Allá por los años 60, en nuestra tranquila ciudad, comenzaba una nueva corriente de cambios en el mundo, como la llegada del hombre a la luna; en la música, el cuarteto de los “Beatles” revolucionaba una era; todo un contexto en su género; la moda sufre cambios, vestimentas estrafalarias, cabellos largos; el movimiento hippie revolucionaba la sociedad mundial, el consumo de la marihuana se hace universal, nuestra sociedad comienza a alienarse.
De repente en nuestra ciudad se altera la tranquilidad que tenía, se comienza ha hablar sobre la desaparición de un niño de 11 años, de nombre, Jacobo Chacaliaza García, hijo de don Teófilo Chacaliaza Ochoa, trabajador de la desmotadora “Santa Teresita”, ubicada en la sétima cuadra de la Calle Bolognesi. La búsqueda no se hizo esperar, pasaban los días, y no se tenían noticias del niño, a pesar del esfuerzo de las autoridades y de su hermano en especial, Pablo Chacaliaza Altamirano.
Una mañana de invierno, en que algunos apañadores hacían sus labores en el algodonal, que quedaba al costado de la Escuela Pre – Vocacional de Varones Nº 1586“Avenida Canales” encontraron entre las matas a un niño muerto, cuyos rasgos, se presumía que se trataba del niño desaparecido, amarrado y de cubito ventral, con el rostro quemado para no ser reconocido.
La trágica noticia corrió como reguero de pólvora en todo el pueblo, la familia identificó al niño. Se realizaron las exequias respectivas, la población en su conjunto acompañó al niño y su familia hasta su última morada. Por allí se comentaba en voz baja, que el niño había sido enterrado boca abajo, con una moneda de plata debajo de su lengua (secreto ancestral), cuyo objetivo era, que el criminal no quedase sin castigo y sobre todo, sea apresado, como así fue.
Los días siguientes a la captura del asesino, la población en su conjunto vivían días de angustia, inseguridad y temor, pensando de que podría suceder otro hecho parecido.
Los periódicos de la época resaltaron con grandes titulares tal hecho; y comparaban lo sucedido con el monstruo de Armendáriz (en Lima). Cerca de un mes, antes de la captura de Francisco Maza Alca; en las cercanías de la cocha de Pangaraví, los vecinos de dicha cocha, acudieron en auxilio de un niño desnudo y amarrado, con signos de haber sido violado, pero su familia no llegó a más, y allí quedó el caso. Algunos vecinos aseguraron haber visto rondando por esos lugares a Francisco Maza Alca, conocido como “Gavilán Pollero”.
Uno de los miembros de la policía nacional que más le prestó interés a este caso fue, el hoy policía nacional retirado, el Sub Oficial de Primera, Víctor Gallegos Atahua. Al enterarse sobre este caso, tomó el debido interés, sacando a relucir ese olfato de cazador, y deduciendo el parecido de los hechos, y la forma de actuar del asesino, sus sospechas lo conducen a Francisco Maza Alca (alias) “Gavilán Pollero”, como posible responsable del asesinato del niño Jacobo Chacaliaza García.
Sus sospechas las comunica a sus superiores, y comienza a tratar de ubicarlo; lo busca varias veces en su domicilio, al cual lo niegan; el sospechoso sabía que la policía le seguía los pasos y se esconde.
Una madrugada, cerca de las 5:00 a.m., en circunstancias que cruzaba el río Tierras Blancas, e iba en busca de sus amigos para tomarse unos refrescos, ya que estaba de franco, se encuentra cara a cara con Francisco Maza Alca, quien le increpa diciéndole : “me andas buscando” – y sacando un filudo cuchillo, le vuelve a decir : “¡esto es lo último que verás en tu vida!”, el policía Víctor Gallegos, por instinto retrocede sacando su revolver de reglamento, le respondió – “¡tú también, será lo último que veas!”, el “Gavilán Pollero” cambió de actitud y con voz baja le dice : “perdón don Víctor, era solo una broma”, envalentonado el policía le responde : “¡corre antes que te mate aquí!”; el “Gavilán Pollero” emprendió una veloz y loca carrera, seguido por los disparos del policía. Desde esos instantes don Víctor Gallegos emprende una feroz cacería; en una de las noches de búsqueda, don Víctor ingresa al cine, por galería y se aposta a espalda de los asientos de madera, cerca de la puerta de acceso, allí nota la presencia del “Gavilán Pollero”, bien sentado en una de las bancas, quien se sorprende, dándose a la fuga, lo sigue el policía, y ve que ingresa a la P.I.P. (Policía de Investigaciones del Perú) que quedaba entre las esquinas de Fermín del Castillo y Callao; llega y exige que el sospechoso le sea entregado, para conducirlo a la comisaría y sea interrogado, pero recibe una respuesta negativa a su petición. La población enterada de la posible captura del asesino del niño Jacobo, ante la negativa de la PIP, se reúnen en la Plaza de Armas, realizando un mitin de protesta, contra dichos miembros de la institución, se dirigieron hacia ella, para exigir que el sospechoso les sea entregado; al no tener respuesta positiva, la población se exaltó y quiso hacer justicia con sus propias manos, pero fue dispersada con gases lacrimógenas. La PIP pidió apoyo a Ica, en menos de que canta un gallo llegó un contingente de policías, los cuales trasladaron al sospechoso a la comisaría que quedaba en la quinta cuadra de la Calle Lima (actualmente allí se ubica el mercado central “Virgen de Guadalupe”).
Al ser interrogado Francisco Maza Alca, “Gavilán Pollero”, se declaró culpable de tal hecho, pero juraba y rejuraba, que su intención no era asesinarlo, pero por el hecho de decirle “Gavilán Pollero”, el niño lo sacó de quicio y lo asesinó. De allí fue trasladado al penal de Ica, en Cachiche, para ser sentenciado y purgar su condena. Pasaron los días y la ciudad volvió a la normalidad, pero tal hecho quedó grabado en la mente de toda una generación de los 60, así como también la frase, cuando un niño se portaba mal, los padres les decían : “Pórtate bien, si no va a venir el “Gavilán Pollero” y te va a llevar.
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