“LA PROMESA”
Teófilo a Juana decía
después de que yo me muera
llegaré a tu cabecera
para amarte cada día
Más Juana se consumía,
En Aja en la gran hacienda
El cura sin que se ofenda
Le dijo, que ella se fuera
Porque así de esa manera
su esposo no la hallaría.
Cuentan los antiguos pobladores establecidos en la que hoy se conoce como la “Hacienda Aja”; que había una pareja de esposos, que vivían y trabajaban en dicha hacienda. El esposo era caporal, cargo importante en el funcionamiento de dicha hacienda, por lo cual se había ganado el cariño y respeto de los peones y también de los patrones; él gozaba de un trato muy especial, para lo cual poseía un caballo para el trabajo y una pequeña parcela para cultivar productos de sus necesidades.
Pasó el tiempo, y Teófilo, como presintiese que algo malo le iba ha suceder, cada vez que terminaba sus labores en la hacienda, antes de irse a dormir conversaba con su esposa Juana y le decía : “cuando yo me muera, voy a venir todos los días a estar contigo, como si no hubiese pasado nada; pero su esposa no le tomaba en serio, ya que a cada rato se lo repetía. Un día menos pensado, Teófilo murió, su muerte fue muy sentida; se realizó el velatorio con todas las de la ley, enterrándolo en el antiguo cementerio “San Luis”, a unos cuantos metros de la hacienda.
Cuenta Juana, que no habían pasado unos días después de la semana de rezos, cuando Teófilo se le apareció en el lecho nupcial, en carne y hueso, estuvo con ella hasta poco antes que cantase el gallo. Esto se vino sucediendo día tras día, pero no faltó que su comadre se dio cuenta, que Juana se encontraba cada vez más delgada y pálida; para esto realizó una visita y conversó con ella muy seriamente, a lo que Juana no tuvo más remedio que decirle la verdad, que su compadre llegaba todos los días a reclamarle su derecho de esposo.
La comadre habló con el cura de la ciudad, el cual en compañía de todos los componentes de la hacienda y la familia, acudieron al cementerio ha hacerle misa. Se pensó que con esto iba a acabar las visitas de Teófilo, pero no fue así; se sucedieron las visitas todos los días, y Juana se consumía más y más, por lo que el cura y sus familiares, acordaron que la única manera de acabar con todo esto, era que Juana se marchara de la Hacienda para siempre. Se arregló todo para el viaje, y muy temprano Juana viajó a la ciudad de Ica.
Cuando Teófilo fue al encuentro de Juana, se dio con la sorpresa de que no estaba, y explotó en cólera, dando unos quejidos escalofriantes, que asustaron y alarmaron a todos los pobladores que vivían por esos lares, en aquella época.
Esos quejidos se escucharon por mucho tiempo por esos lares; las familias que vivían en el trayecto del cementerio y la casa hacienda, en donde había vivido dicha pareja; apenas las sombras del anochecer, cubrían con su negro manto, cerraban sus puertas, con sus respectivas trancas, y no antes de rezarles a todos los santos, pidiéndoles por la salvación del alma en pena, del difunto Teófilo.
Este caso fue muy comentado en nuestra ciudad, y algunos antiguos moradores, lo recuerdan como “La Promesa”, y recomiendan : “Nunca se debe prometer algo que va más allá de la vida”.
Este relato ha sido trasmitido, de generación en generación, y es conocido como “La Promesa”.
Conocí este relato, en circunstancias que investigaba hechos insólitos de mi pueblo, y hoy les ofrezco para que lo conozcan, con el compromiso que lo trasmitan a las futuras generaciones y no se pierda en las noches de los tiempos.
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